Cuando
llegué a mi ciudad azul, a ese regalo que el destino me tenía reservado, mi
imaginación voló tan alto al ver ésta puerta de nuevo, la cual ya había visto
en mis viajes anteriores. Vinieron a mi mente mil historias cada día, inventando una diferente, hasta ser
la protagonista de vivir ahí en mis vidas pasadas. Sus paredes acabadas son la inspiración perfecta para deslizar mi pincel, mi espátula y mi alma sobre el lienzo.
Esa alma, separada en dos continentes, unidos por el Atlántico, que se desliza en el primer peldaño.
